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jueves, 24 de noviembre de 2011

Te llamaremos pulguita

Cuando nos enteramos de que estábamos embarazados, tu papá te bautizo pulguita. Sin saber si eras niño o niña, y temerosos de cualquier contratiempo, pensamos que lo más sensato era ponerte un sobrenombre y éste, que hace alusión a lo pequeña que eres, me pareció dulce y adecuado. Desde ese día y -por los vientos que soplan hasta el día en que nazcas- así te hemos llamado.
Yo, que quiero que tengas un nombre fuerte pero original, lindo pero original, fácil de recordar pero original, con carácter pero original, pensé en llamarte Almudena -si ya sé, no es precisamente fácil de recordar- pero inmediatamente mi sueño se vio interrumpido por los comentarios -no del todo equivocados- que me advertían que se burlarían mucho de ti en el colegio y que probablemente te llamarían "almohadita".
Como no quiero causarte un trauma innecesario, deseché el nombre y comencé a buscar otras opciones. Una noche, incluso, hicimos una votación -con jueces corruptos, igual que en el CNE- y si mal no recuerdo, los elegidos fueron Luciana y Fernanda. Yo, obviamente podía votar doble. Uno por ti y otro por mi. Ja!
Luciana fue posteriormente eliminado porque tienes una primita de dos años que se llama Lucía -y yo que pasé por el suplicio de tener el mismo nombre y el mismo apellido que una prima dos años menor, no quiero que vivas nada parecido- y Fernanda sí que se convirtió en un gran favorito. Me frena quizás aquella vieja canción que dice "Fernanda, Fernanda, yo quiero ir contigo de parranda", aunque si a ver vemos otros de los nombres que más me gustan también tienen canciones: Micaela ("ayayay Micaela se botó, que se botóooo...") y Juliana ("Juliana que mala eres, que mala eres Juliana)".
Tu papá es sin duda, menos difícil que yo. A él le gustan los nombres "de toda la vida" y sería el hombre más feliz del mundo si te llamamos Alejandra, Andrea o Mariana. Yo me niego a que en tu salón hayan 10 niñitas que se llamen igual a ti y desde un principio quedamos en que aunque él debía estar de acuerdo, si eras niña, el nombre lo escogía yo.
Y es que aunque tu dirás "que mamá tan indecisa" escoger un nombre para alguien a quien en tu vida has visto no es fácil. Pensé en llamarte Alana pero tu tío dice que si llegas a ser baja de estatura te llamarán "Alana, la enana", me gustaba Zoe pero pensé que en la adolescencia maliciosamente podrían llamarte zorra, consideré Penélope pero me asustó que el diminutivo lógico sería Pene, aposté por Abril, pero quién me asegura que no te dirán mayo, junio o julio. Ya sé que todo nombre siempre despertará una burla, y que dependerá de mí y de ti como lo manejemos, pero no quiero causarte una infelicidad gratuita.
Como van las cosas -y aunque una de tus abuelas se oponga- te escogeré el nombre el día en que nazcas, cuando finalmente pueda ver tu carita. Al fin y al cabo, no puedo llamarte pulguita para siempre.

martes, 15 de noviembre de 2011

Conociéndote

Sé que eres mi primer bebé, que mides más o menos 20 centímetros -esto según la última visita al obstetra-, que eres una niña y que ya tienes manos, pies, ojos, nariz, boca -y recientemente- oídos.
Sé que no tienes nombre, no porque no te merezcas uno, sino porque tu papá y yo hemos sido demasiado flojos, demasiado indecisos, o demasiado miedosos como para ponerte uno.
Sé que, por ahora, no te gusta la lechuga -eso me lo dejaste bastante claro durante los primeros cuatro meses, cuando las nauseas y los vómitos apenas me dejaban funcionar normalmente- y que te fascinan las frutas. Cuanto más ácidas mejor.
Sé que te da fatiga a la media noche y que si no me como por lo menos una galletica de soda, somos yo y mi estómago los que pagamos las consecuencias.
Sé que cuando te da hambre me lo haces saber con nauseas, que te levantas con un apetito voraz, que te gusta que caminemos en el parque todas las mañanas y que cuando más te mueves es a media mañana, a eso de las 11, y a media tarde, a eso de las 3 (justo ahorita te estás moviendo).
Sé que te gusta la música de baby Bach. No sé cómo, pero lo sé -eso que llaman intuición de madre- y que cuando papá le habla directo a la barriga tu empiezas a moverte como con ganas de salir corriendo (todavía no pequeña).
Sé que no te gusta cuando lloro. Esto tampoco sé cómo lo sé -que súper valga la redundancia- pero lo sé. Tal vez es porque cuando lloro siento una presión en el estómago, parecida a ese nudo que algunas personas dicen sentir en la garganta cuando están tristes. Cuando río en cambio, comienzas a moverte, como un gusanito, con ganas de unirte al bochinche que tenemos acá fuera.
Todavía no sé muchas cosas de ti...
No sé si te parecerás a mí o a papá o a algún otro miembro de la familia. Aunque estoy convencida, por los ecos que te han hecho, que eres exacta a mi, la verdad es que  probablemente esta idea sea más producto del deseo que de la realidad.
No sé a qué hora tendrás hambre. Aunque al principio -muy probablemente- comerás a toda hora... Ok, exagero, cada dos o tres horas.
No sé si te gustarán las muñecas, o si serás tan torpe sobre una bicicleta como tu madre. Cuál película de Disney será tu favorita, si querrás que te lea un cuento por las noches, si te gustará el rosado o si te pareceré divertida, interesante, o muy por el contrario, aburrida.
Aunque es más lo que no sé de ti, sé con férrea certeza que ahora la vida -al menos la mía- se resume en 20 centímetros de felicidad. Felicidad absoluta.