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jueves, 8 de diciembre de 2011

Breve carta a una pulga adorada

Mi pulga adorada,

Ayer nuevamente te vi. Tu papá y yo fuimos a la clínica a que me hicieran uno de esos ecos maravillosos que ahora llaman 4D -honestamente esto me resulta raro, ya que pensaba que lo máximo eran tres dimensiones- y que son prácticamente como una fotografía. 
Estabas dormida, o eso parecía. Tenías los ojos cerrados, tu manita cerca de tu mejilla izquierda y una media sonrisa en los labios. Yo te hablaba para que te movieras mientras el médico presionaba la barriga, pero todo lo que logramos fue que cambiaras la media sonrisa por una mueca más abierta que yo creí era un llanto pero que tu papi -siempre tan optimista- me aseguró que era una carcajada. 
Estás pesando 1 kilo 200 gramos y mides casi 40 centímetro. El doctor dijo que eras una niña grande para el tiempo que tenías y yo me sentí orgullosa. Escuchamos nuevamente tu corazón latir duro y fuerte -no en vano tu padre te llama Pulguita Corazón de León- y el médico examinó la medida y funcionamiento de cada uno de tus órganos. Estás creciendo fuerte y hermosa. 
Nos dieron un video, que ya yo he visto tres veces, y seis fotografías que guardo celosamente en una carpeta en mi escritorio. Una de las imágenes la grabé en el celular, y todas las noches antes de acostarme, y a veces cuando me despierto de madrugada, te vuelvo a mirar: Pulga, eres la criatura más adorable que jamás haya visto.