miércoles, 22 de febrero de 2012

Mi primer premio!




Mi paisana Mary, de ELBLOGDEMARY me ha dado este premio, mi primero, que viene con varias pregunticas. Gracias Mary por el honor. Ha sido un doble placer, encontrar tu blog y recibir el reconocimiento (uy que formal que me he puesto). 

Respondo entonces:

1. Elige un momento de tu vida muy importante. Sólo uno.
Sé de antemano que el momento más importante de mi vida será cuando nazca la pulga, pero como eso no ha pasado (todavía) elijo el día en que me enteré de que estaba embarazada. Lo relato: era mi cumpleaños 31, vivía en NY, era viernes, y ya tenía días sospechando que estaba en estado. Sin embargo, los nervios -de que sí estuviera y de que no estuviera- no me dejaban hacerme la prueba. Había decidido con Papápulga esperar hasta el domingo al menos, pero estando en el trabajo sentí una ansiedad tan grande que tuve que irme a la farmacia más cercana, comprarme una prueba, encerrarme en el baño y llamar a mi esposo. "Pregnant" decía y yo sentí que el corazón se me salía. Cuando nos vimos al final del día, los dos no podíamos parar de sonreír pero decidimos no decírselo a mis amigos -habíamos quedado todos en un lugar cerca del río a tomarnos alguito para celebrar mi cumple- hasta hacernos la prueba de sangre y estar seguros. 

2. Que lugar del mundo te gustaría visitar que no conoces.
Uy, son tantos... Thailandia, Vietnam, Egipto, La India, China, la República Checa, las Islas Griegas, Brasil, Colombia, los safaris de Suráfrica, y pare de contar...

3. Haz un menú con tu comida preferida. Entrada, plato principal y postre.
Pizza, pizza y pizza... y después un foundue de Nutella o de Toblerone!

4. Si a trabajo se refiere ¿Cuál sería tu trabajo perfecto o profesión, sin pensar en salarios?
Mi profesión perfecta es la que tengo, periodista, la amo con locura. Ahora, en cuanto al modo de ejercerlo, creo que lo ideal sería ser freelance para un par de publicaciones prestigiosas aquí, en el resto de Latinoamérica y en Estados Unidos y que me pagaran en dólares y muy muy bien (soñar no cuesta nada). Me gustaría trabajar en una historia o reportaje por mes o cada tres meses, eso sí, profundos y de investigación. Así, después de estar un mes abocada a un reportaje podría tomarme un mes para estar con mi pulga y ahí vamos... También me gustaría escribir una columna sobre moda, maternidad, estilo de vida, relaciones de pareja, sexo, cocina (sí, todo eso en una sola columna) y tener un programa de radio. Ok, ya sé que eso suena como mucho, pero no tiene que ser todo a la vez. 

5. ¿Recuerdas cuándo y por qué reíste la última vez? Cuéntalo si lo recuerdas.
Debo comenzar diciendo que las dos personas que más me hacen reír en este mundo son Pulgapapá, y mi hermano, a quien llamaremos Pulgapadrino. El primero me hace reír con su ternura y el segundo a punta de bobadas. Justo ayer se le ocurrió contarme que él tenía un amigo que se llamaba Ignacio pero que todo el mundo, empezando por su mamá, lo llamaba Mike Nelson. Sé que esto no da demasiada risa así contado, pero a mí me hizo morir de carcajadas por un buen rato. 

Ahora, la parte más importante. Debo pasárselo a cinco blogs. Como soy nueva en esto y apenas me sumerjo en la blogósfera materna, sólo llegue a cuatro. 

1. Voy a ser mami: por ser venezolana, como yo, por contar su historia con candidez, y por que pronto, como yo, también será madre. 

2. Mami en Rodaje: porque sus post son directo al grano pero honestos y sabios. 

3. Mamá en camino: porque aunque recién descubro su blog ya se ha convertido en uno de mis fijos. 

4. Criando-ando: si bien ayer por primera vez leí su blog y creo que ella aún no me conoce, admiro su frescura y las ideas para distraer a sus pequeños. Leer sus post de la caja de las sorpresa y la hora loca!

Esto es todo, y que sigan los premios... (para mí, para ustedes, para todos). 

domingo, 19 de febrero de 2012

Tic, tac, tic, tac...

La cuenta regresiva comenzó y falta tan poco que me cuesta demasiado dormir por las noches. No porque no encuentre acomodo como dicen algunas que les pasa, sino porque la ansiedad -bueno y también las ganas de hacer pipi- no me dejan.
La mayor parte del tiempo estoy tranquila y confiada de que todo saldrá bien, pero en algunos momentos siento un sobresalto, que el corazón se me sube a la garganta, que me da escalofrío, que tiemblo y qué pienso... "Dios, falta nada para que nazca, y después qué".
Supongo que esa misma ansiedad fue en parte responsable de que el jueves me fuese a la emergencia sin saber con seguridad si tenía contracciones y si el trabajo de parto había comenzado. Afortunadamente no eran contracciones, sino el dolor de la bebé acomodándose.
Creo que en momentos como este es malo pensar demasiado, y si algo tengo yo -para lo bueno y para lo malo- es que soy sobre analítica. Una idea pasa en mi cabeza una hora antes de que decida abandonarla, así, cuando me planteo que algo podría ir mal paso mínimo una hora de sufrimiento. Claro, cuando pienso en la felicidad que mi pulga nos traerá también paso una hora de dicha.
Ahorita mismo, por ejemplo, no puedo dormir. Pulgapapá yace plácido aquí al lado (uy que envidia) mientras yo actualizo la página de Facebook cada dos minutos porque ya me he leído todas las últimas publicaciones y no sé qué más hacer. También tecleo como una loca, a ver si exorcizo esta ansiedad que de intensa me seca la boca.
Es quizás el pensar cómo va cambiar mi vida lo que más me quita el sueño. No porque no quiero que cambie -muy al contrario- sino por qué no sé cómo será ese cambio, y lo desconocido sólo produce miedo. Pero justo cuando el pánico comienza a tomarme prisionera miro la cuna de mi pulga, con sus jugueticos, y su móvil, y su lazo rosado en el tope del mosquitero, y recuerdo entonces su carita y la media sonrisa que tenía en el eco 4D y me siento tranquila de nuevo. Y es que esa criatura con su media sonrisa, sus patadas intermitentes y su promesa de un amor hasta ahora desconocido es mi nuevo hogar. Y uno no le teme al hogar.

Aquí dejo una foto de cómo quedó la cuna....

domingo, 12 de febrero de 2012

Mejor embarazada

No soy de naturaleza optimista y siempre suelo ver el vaso medio vacío, pero en estos días la felicidad por la pronta llegada de la pulga me ha llevado a pensar en todas aquellas actividades cotidianas que son mejores cuando uno está embarazada. Aquí va mi lista:

* Desayunar. Bueno en general comer, pero algo tiene el desayuno que lo hace más especial. Debe ser por las horas de ayuno de la noche que uno se levanta como un monstruo hambriento y que así no hay arepa más rica, yogurt más delicioso o jugo de naranja más provocativo (y sí, mi desayuno consta de todo esto) que los que se come a primera hora del día cuando uno está embarazada.

* Hacer la siesta. Bueno yo se que no todas y no siempre tenemos este privilegio, pero nada como una siesta cuando se está barrigona. Será tal vez porque uno suele dormir mal en las noches, que en el día se tiene ese sueño profundo y pegajoso que te obliga a cerrar los ojos donde sea que estés.

* Soñar. No hay sueño que se le compare a soñar con tu bebé. Ya sean imágenes irreales como cuando imaginé que daba a luz a una niña negra o los más realistas como cuando soñé que le daba pecho  a la pulga.

* Vestirse. Okey, okey, ya se que habrá por ahí quienes digan que estoy demente pero creo que es cuestión de cómo se mire (y aquí si el vaso está medio lleno). Por primera vez en la vida no te sientes culpable de que la ropa no te quede, pues literalmente tienes una razón de peso para ello. No hay que disimular la panza con negro, no hay que hacer un esfuerzo por vernos flacas. No. Más bien la idea es vernos bien barrigonas para que no quede duda que estamos en la dulce espera.

*Bañarse. Este ha sido uno de mis placeres favoritos durante el embarazo. Meterme a la ducha, olvidarme del mundo y dejar que el agua se resbale sobre la panza mientras le explico a la pulga que así se siente la lluvia. Es también el momento perfecto para cantar, a los cuatro vientos (o más bien las 4 paredes), canciones inventadas que sólo suenan bien bajo el eco causado por el agua.

* Dar una caminata. No soy para nada amiga del ejercicio pero caminar media hora al menos tres veces a la semana mientras he estado embarazada me ha resultado terapéutico y energizante. Por un lado está el hecho de que me quita el dolor de espalda y el entumecimiento que a veces siento y por el otro está la satisfacción que me produce ponerme mi Ipod y desconectarme mientras veo los árboles y pienso en mi pulga.

* Mirar el techo. Echarme a mirar el techo siempre me ha resultado un placer sencillo y delicioso,  pero es aún mejor cuando sobarme la barriga tiene un propósito y cuando siento los movimientos y patadas de la pulga.

Y ustedes ¿Las que están o han estado embarazadas, qué cosas añadirían a esta lista?

martes, 31 de enero de 2012

Un móvil de hadas y lo mejor de mí

Dicen que un hijo saca lo mejor de uno. Siempre he pensado que la afirmación es cierta, pero ahora tengo ejemplos para demostrarlo.
En el babyshower de la pulga, me regalaron un móvil de hadas diminutas para armar que es una preciosura. Cuando lo vi pensé "que cosa más bella" pero me cuestioné si sería capaz de sentarme a hacerlo, y lo que es aún un mayor reto, terminarlo.
Sin embargo, hace unas noches, mientras Pulgapapá y yo estábamos viendo tele se me ocurrió que armarlo sería una manera de hacer una actividad diferente y (uy que serio suena esto) una oportunidad para compartir en familia. Él, por naturaleza, es más paciente que yo y no dudé por un instante de su capacidad de terminarlo. Yo por el contrario, tengo serios problemas para seguir instrucciones (en la vida he podido seguir al pie de la letra una receta de cocina), soy distraída y no se recortar en línea recta. Pensé que desistiría al instante, pero me equivoqué. Esa noche armamos una parte entre los dos, pero al día siguiente seguí yo sola. Dos días más tarde lo terminamos, y uno después lo colgamos. Pocas veces me había sentido tan orgullosa de un logro tan pequeño.
Lo mismo me viene sucediendo con el orden. Por naturaleza soy desordenada y descuidada y todo lo que signifique organizar me da fastidio y dolor de cabeza. Sin embargo, desde hace unos meses encuentro un placer enorme en organizar mi armario, en hacer espacio para la pulga, en lavarle su ropa, en doblarla, en arreglar el mueble cambiador. Ahora todos los días me despierto pensando "¿y hoy qué voy a arreglar?".
Son ejemplos someros, pero tengo otro más serio. Ayer mientras cenábamos, Pulgapapá me dijo que estaba orgulloso de mí y de la manera tan hermosa en que estaba asumiendo la maternidad (sí, semejante declaración de amor me hizo llorar). Me dijo que le parecía admirable que yo, que le tengo pánico al dolor, tuviese la intención de tener un parto natural.
Es cierto, toda la vida le he huido al dolor, sobretodo al físico. A pesar de que he tenido un embarazo sin complicaciones, tuve muchos malestares los cuatro primeros meses. Ahora que lo miro en retrospectiva, me doy cuenta que asumí esas molestias de una manera muy distinta a cómo lo hubiese hecho en el pasado. Entendí en ese momento que hay algo mucho más importante que yo, algo -o más bien alguien- que necesita que me deje de pendejadas y piense primero en ella. Por ella fui capaz de sentarme a armar haditas con pabilos y pepitas de madera. Por ella he dejado la flojera y la aversión que le tenía al orden. Por ella aguanté cuatro meses de malestares y por ella espero soportar 12, 14 o 20 horas de dolor de parto (siempre y cuando no ponga en riesgo la vida de ninguna de nosotras dos). Y eso que apenas empiezo. Me pregunto qué otras cosas impensables haré por ella.

martes, 24 de enero de 2012

Contigo sueño

Mi pulga adorada,

La primera vez que soñé contigo te imaginé linda, cachetona y negra, negrísima. Todos se preguntaban cómo era posible que papá y yo hubiésemos tenido una niña negra si los dos somos blancos, pero a nosotros nos parecía lo más normal del mundo. De ese sueño no recuerdo nada más.
Tuve otro, antes de que me dijeran que eras una niña, en la que te imaginaba varón y mientras dormía pensaba "uy y será que va a ser varón". Pero no. Yo estaba segura de que serías niñas.
Otra noche vi como sería el parto. Natural, como yo quiero. Recuerdo que en el sueño decía "¿y esto era todo? Que fácil". Luego te ponían en mis brazos y me di cuenta que ya venías con zarcillos. "Qué maravilla", dije yo, "una cosa menos que hay que hacer". En esa misma noche soñé que te daba pecho por primera vez y que aunque estaba preocupada porque me iba a doler, no fue para nada así. Fue natural y divino y ambas nos quedábamos dormidas.
En otra oportunidad volví a soñar con el parto también natural y también muy fácil, pero apenas nacías, me enteraba de que en la clínica en ese momento acababa de morir una niña china. Estaba feliz por tu nacimiento pero muy muy triste por la chinita y su madre, a quién no conocía.
Finalmente, hace cosa de dos días soñé que te llevaban de mí. No sé cómo, no sé dónde estaba, creo que en la clínica, pero cuando le pedía a alguien (probablemente una enfermera) que te trajeran, me decían que no aparecías. Dice papá que me desperté diciendo con voz llorosa "no, no... pulguita..." Probablemente uno de los peores sueños que se pueda tener.
Pero tanto los malos, como los buenos, que son muchos más, son síntomas de una misma enfermedad: las ansias locas de acurrucarte, de olerte, de sentirte, de cargarte, de susurrarte canciones de cuna a la oreja. Vamos, que imaginarte está bien, pero ya quiero tenerte.

jueves, 12 de enero de 2012

Todos los espacios

Como una metáfora de lo que será de ahora en adelante mi vida, veo cómo por toda mi casa se esparcen cada día más cosas de la bebé. La cuna, el mueble cambiador, tres maletas llenas de ropa y objetos necesarios como teteros, esterilizador y demás, el babygym, el bouncer, la silla que usaré para amamantar a la pulga, todos regados entre la sala, mi cuarto, la entrada de la casa, el estudio y cuánto espacio medio vacío queda en la casa (me pregunto cómo unos seres tan pequeños pueden necesitar tanto perol).
Lo que comenzó gradualmente, primero quité la biblioteca de mi cuarto y la bajé para la sala, luego mi escritorio; ahora se extiende y se apropia uno a uno de todos mis espacios. Ahora en lugar de libros en la entrada de mi cuarto está un mueble cambiador con suetercitos y cobijitas que esperan a ser lavados, doblados y engavetados, y en donde solía tener un escritorio está la cuna con su móvil y su mosquitero a medio armar.
Creo que es una buena analogía de cómo mis prioridades empiezan a cambiar y de cómo naturalmente me preparo para que al menos los primeros meses la pulga y sus cosas me absorban completamente.
Una amiga me comentó en una oportunidad, que convertirse en madre era de algún modo un cambio de identidad. Desde ahora y para siempre sería primero y antes que cualquier otra cosa "la mamá de...". Ahora que veo como lo antiguamente familiar y conocido es reemplazado por objetos nuevos, ilusiones nuevas, objetivos y sueños también nuevos es que entiendo el cambio del que hablaba mi amiga. Y cómo con todos los cambios, lo peor que se puede hacer es resistirse a ellos. Así que yo me entrego con un poco de temor y mucha felicidad a esta nueva etapa. Me entrego a la pulga y a todo lo que su llegada pueda significar.

jueves, 29 de diciembre de 2011

El juego de la patada

Querida pulga,

Juguemos un juego, el juego de la patada. 
Yo hago presión sobre mi vientre y tú respondes con una patada. Juguemos todo lo que tú quieras, a veces dos, a veces cinco, a veces hasta 15 minutos. 
Tú comienzas. Cuando estés despierta patea, o codea o cabecea con fuerza. Luego mami responde a tu patada presionando con la mano en el último lugar dónde golpeaste y te dice "Patea bebé, patea". Tú te tomas tu tiempo pero siempre respondes con una patada, a veces muy sutil, otras veces más fuerte, y así establecemos una comunicación basada en nuestros movimientos. 
El juego de la patada me lo enseñó Beatriz, una señora muy inteligente con la que hice un curso prenatal. Ella estaba angustiada porque yo estaba en la semana 16 y tú no pateabas. Yo le decía "tranquila, ya pateará". Y así fue. Pateaste por primera vez cerca de la semana 20 y yo me sentí más mamá que nunca. Tal como dice el libro Qué esperar cuando se está esperando nada es más prueba de que se está embarazada que los movimientos fetales; ni los ecos, ni los malestares, ni escuchar los latidos del corazón. La primera vez que uno siente a su bebé es que entiende que tiene a una persona creciendo adentro. 
Cuando empezamos a jugar yo intentaba presionando mi vientre y diciéndote "patea, pequeña, patea" pero tú no respondías. Me dije que tenía que tener paciencia, así que seguí. Todos los días, cada vez que te sentía te hacía presión y te decía que patearas. Tomó unos días pero al final lo lograste. Ahora sólo basta que presione un lugar de mi vientre para que tú, pulga adorada, me respondas con un golpecito. Son nuestras primeras conversaciones. Comenzamos a comunicarnos en un lenguaje muy íntimo que sólo tu y yo, y a veces papá, entendemos. Un lenguaje, que espero, nos una por siempre. 
Patea mi pulga, patea. Mami te escucha.